Si hemos visto el apartado perteneciente a un efecto de cremallera, no debería sorprendernos poder conseguir una base rítmica con un objeto tan común y tan fácil de conseguir como una vara de metal, presente en un recogedor, un cepillo o incluso una fregona. Para esta ocasión, nos hemos decantado por una vara de un metro de longitud y muy ligera. Es imprescindible que, tal y como vemos en la imagen, sea hueca por dentro para conseguir que la entrada de aire provoque el sonido que deseamos, ya que la vamos a utilizar como instrumento de viento.

                La forma de conseguir el sonido es agitándola enérgicamente de arriba hacia abajo y viceversa para que el aire entre violentamente en la parte hueca, como si estuviésemos ante una batería musical y ajustando la fuerza con que la impulsamos observaremos que el sonido es más denso o más ligero, además de fuerte. Pero qué mejor que observemos un ejemplo. El "ejercicio" lo hemos hecho en dos partes. En la primera hemos dirigido nuestro mayor impulso de abajo hacia arriba, y en la segunda, de arriba hacia abajo. Sube ligeramente el volumen de tu equipo para apreciarlo. 

                A continuación, sólo nos queda extraer e insertar el sonido en una base rítmica. Dado que, como hemos visto, hemos generado una base rítmica, debemos ajustar los beats de la misma (nuestros golpes) con la principal. Podemos hacer que coincidan o no, depende del resultado que busquemos. Pero para mostrar la verdadera dimensión de lo que hemos creado, vamos a ir más allá: vamos también a insertar un efecto de cremallera. Gráficamente quedaría de la siguiente forma:

 

Como hemos visto, recurriendo de una forma sencilla a objetos de uso cotidiano, podemos dar una nueva dimensión y un punto de originalidad a nuestros trabajos.