
Al
final de una session en un club ecléctico moderno de Bilbao, Madrid o
Barcelona. Como una nota simpática en una discoteca. En un after
hours donde la música desmonta prejuicios y cabezas... Durante la
actuación de Guru Josh en la inauguración del Space de Ibiza el pasado 31 de
mayo... En el festival Made in Valencia del 27 de junio. En pleno Creamfields de
Almería en agosto. Incluso en las eventuales apariciones en televisión de
Chimo Bayo y en los politonos que nos intentan vender en anuncios de revistas...
Gracias a todo esto, las cantaditas pueden acabar en nuestro "poder".
Día a día, como una nueva gripe estacional, se extienden igual que hace años,
cuando las cantaditas eclosionaron en las discotecas. Su invocación actual es
el mazazo desprejuiciado que quiere acabar a la vez con el minimal,
el culto a los ochenta y los restos del primer revival
del tecno noventero: la nu rave. Según
Víctor Pérez, presidente de la Asociación de Productores y Discjockeys de la
Comunidad Valenciana: "Con las cantadas,
hoy la gente quiere disfrutar como les contaban sus hermanos mayores: con las
manos en alto y los ojos cerrados, tatareando, sin freno, pero en plan fresco,
como en una fiesta de costa en la que cualquiera puede encajar".
Hasta hay un club social de "cantaditas" en Facebook. "Ahora
uno tiene que conseguir piezas vocales. De cada cuatro temas pinchados, tres
tienen que se cantados", explica Dj. Pascal Kleiman. Contra la
crisis, el público reclama alegría; contra los sonidos hipnóticos se imponen
la verbena y el jolgorio estival. Y lo hacen con uno de los pocos géneros que,
hasta hace nada, ha sido más ultrajado, humillado y despreciado por los amantes
de la música. Lo irónico es que lo que antes provocaba vómitos, ahora hace
gracia.
Dos de los
recopilatorios dedicados a este estilo musical publicados por la compañía Aire
Music
Pero,
¿qué son las "cantaditas"? No es fácil definir los
"pastelitos", como también se las conoce. Esencialmente, se suele
llamar así a toda aquella música de baile confeccionada a toda prisa por
varios productores que incorpora partes de voz melódicas empalagosas,
habitualmente femeninas, sobre bases cañeras. En Bélgica y Alemania, el nombre
habitual para referirse al género es "eurobeat" o "eurodance",
que en España se aplica de otra forma. En Italia, "italian style" o
"italodance". En el Reino Unido, "hard house" o "hard
dance", cuando en nuestro país es dance a altas revoluciones o BPM. Y en
Holanda, por poner otro ejemplo, "electro house" y "trance"
también se asocian con el concepto de "cantadita" o
"pastelito". En España, lo habitual es que muchas estuvieran hechas
por Dj´s locales, productores y técnicos de sonido y fueran grabadas en el
estudio durante la noche para despachar el resultado por la mañana. Algunas con
inesperado éxito: un anuncio estadounidense de Pepsi protagonizado por la
actriz Eva Longoria en 2006, tenía por banda sonora "Streamline", un
viejo tema "pastelito" conocido en España por la agrupación Newton.
Y es que las "cantaditas" españolas siempre han tenido un toque tórrido...
Aunque hay quien enlaza el eurobeat continental con el nacimiento de grupos de
finales de los ochenta como Technotronic, sería más correcto en el caso de
España, situarnos en la Valencia de 1994.
Durante
la década anterior, Juan Santamaría fue el primer Dj. que impulsó desde la
ciudad del Turia una mezcla de música guitarrera y "protoelectrónica"
que, sin anglicismos a mano, acabó conociéndose como "bakalao".
Programó música en las mejores salas y luego la sirvió a través de dos
tiendas de discos de importación: Ziz Taz y Radical. Según explica: "Pensé
en pinchar una música rara, pero que yo creía que tenía ritmo y podía
bailarse". La cosa cuajó. Discotecas como Barraca, Chocolate, Spook
Factory, N.O.D. o ACTV la hicieron muy conocida, enlazando sus horarios unas con
otras hasta, virtualmente, prolongar la fiesta desde el viernes noche al martes
por la mañana. En pocos años se pasó de pinchar para unos 600 discotequeros a
hacerlo para 6.000 anónimos. Los clubes no dejaron de ampliarse hasta
convertirse en macrodiscotecas y la música perdió temporalmente su sentido
inicial. Continúa Santamaría: "Se empezó
a dar cancha a todo tipo de sonido que resultara a la vez comercial y trallero.
Las cantaditas se gestaron en las cabinas mezclando el sonido new beat belga
conel pop cantado en inglés". En 1991, el Dj. local Chimo Bayo había
obtenido un éxito internacional con aquel mítico maxi "Así me gusta a mí.
Para
las melodías, se eligió el inglés de academia intensiva y pronto, los
habituales temas épicos de The Mission o los himnos de tecno industrial
empezaron a convivir en las pistas de Valencia con el nuevo invento. Bautizadas
finalmente como "cantaditas", pegaron en afters que abrían más de
doce horas seguidas en domingo como Puzzle, Heaven o ACTV, y al final se
impusieron a todo.
El secreto de fiesta sin fin en Valencia se corrió a voces. Un domingo por la
tarde podía haber en la zona hasta 50.000 personas en órbita llegadas de toda
la Península. La atención de los medios de comunicación provocó un escándalo
enorme. Todo el mundo reconoce que la popularización del éxtasis ayudó a la
de las cantaditas. Una comunión que acabó consumiéndose en las discotecas por
el gran público. En el País Vasco, Aragón, Andalucía o Madrid, las
cantaditas atrajeron masivamente a las chicas a las discotecas del momento.
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| Chimo
Bayo |
Whigfield
y su maxi "Saturday night" |
Pronto,
la proliferación de radios dance comerciales y de sellos dedicados a
recopilatorios (Blanco y Negro, Max Music, Divucsa, Vale Music...) hizo que
tuvieran un sitio fuera de la pista. A partir de 1994 y durante toda la década
surgieron incontables grupos: New Limit, Sensity World, Double Vision, Just
Luis, Whigfield y muchos otros proyectos explotaron desde España el concepto.
En muchos casos facturaban meros covers de viejos temas, un fórmula que
garantizaba que la melodía sonara a todo el mundo. Ni el "American
pie" de Don McLean se libró. Se versionaba cualquier tema y sólo se
pagaban derechos de autor.
El paroxismo no duró mucho. Hasta 1997 y 1998 hubo incluso una moda de ropa.
Ellos, mezclando chalecos de cuero con botas espaciales; ellas, uniendo el look
profesora de aerobic con el de gogó futurista. A partir de esa fecha, hubo
demasiados grupos copiándose unos a otros y en ocasiones las voces las hacían
vocalistas a sueldo que luego en el escenario no salían, sino que se sustituían
por chicas monas haciendo play back. Como asegura Santamaría (hoy parte de un
sello histórico como Contraseña): "Todo
se gestionó fatal, al final había demasiado producto y todo demasiado malo. No
supimos unirnos, no creamos una plataforma fuerte que mejorara el modelo".
La fuerza del tecno y el house americanos se imponía desde el Sónar barcelonés
e Ibiza, y los creadores de "pastelitos" se quedaron en bragas. Además,
la policía presionaba a las discotecas del género con inspecciones y controles
constantes. El público, agotado, se marchó. Y a finales de los noventa, el
bakalao y su hermana pequeña, la cantadita, parecían historia.
Pero el legado de las cantaditas vive. Al inicio de esta década fue recogido en
la adaptación a las pistas españolas del hard house potenciado por el club gay
inglés Trade. En la actualidad hace gracia hasta a los más reacios. "Va
por ciclos. Lo retro ahora está de moda y las cantaditas son parte ineludible
de una sesión de house", explica Mónica X. "El
remember empezó con los ochenta, pero ya ha llegado a los noventa y ahí
refulgen los pasteles", explica Víctor Pérez.
YouTube,
Internet y todo tipo de foros difunden sus excelencias para las nuevas
generaciones. Los Dj´s más conocidos, como por ejemplo, Armin van Buuren,
David Guetta, Steve Angello, bordean el género con intensidad cultivando lo más
pop del dance, y ésa es ahora la conexión comercial más deseada. Hasta vuelve
la moda de los covers y Ministry of Sound le ha dedicado algún recopilatorio.
