¿Qué extraño y maravilloso poder poseía Orfeo, que con su lira no sólo conseguía que los pájaros y las bestias se reunieran en torno a él, sino que detenía los cantos de las sirenas con el suyo propio cuando estos seres fabulosos intentaban atraer con sus melodías a los Argonautas? Orfeo poseía el poder mágico de la música, un poder que produce efectos sobre el hombre y, según reza el dicho popular, "amansa a las fieras": los pájaros y los ciervos se sienten atraídos por el sonido de los caramillos, los peces dejan de nadar cuando oyen un chapoteo, los elefantes pueden ser refrenados por suaves melodías, los delfines son sensibles a la música de instrumentos de cuerda. El arte musical, sin embargo, no es privativo del hombre; muchas especies animales poseen este medio de expresión viva que radica en la misma naturaleza psico-orgánica de los seres.

                Para los pueblos primitivos la música constituye, más que un arte o un recreo del espíritu, uno de los elementos indispensables de la casi totalidad de los actos rituales religiosos y mágicos; la esencia misma de la inspiración profética. Tanto los hindúes como los chinos creían que la música es la base de todo y que el sonido audible era capaz no sólo de influir en la mente y las emociones del hombre, sino que en sus notas se encontraba una esencia de poder trascendente capaz de afectar a la materia. ¿Qué validez poseen estas creencias de los antiguos? ¿Qué evidencia científica hay que apoye el concepto del poder objetivo de la música? Wilfried Krüger ha demostrado que la estructura del átomo contiene proporciones y números que se parecen a los principios armónicos de la música. Por su parte, el científico Andrew Gladzewski llegó a la conclusión de que los átomos son resonadores armónicos. Este principio de resonancia desintegra las barreras entre la física y la música y explica, por ejemplo, la magia del vudú, cuyos conjuros resultarían completamente inútiles sin sus ritmos múltiples y destemplados que envuelven a quien los escucha con un mortífero poder.

                La investigación moderna ha confirmado que apenas existe una simple función del cuerpo que no pueda ser afectada por tonos musicales, porque las raíces de los nervios auditivos están más ampliamente distribuidas y poseen conexiones más amplias que las de otros nervios del cuerpo. Es, pues, un hecho incontrovertible que la música afecta a las emociones, las cuales a su vez influyen en numerosos procesos corporales: pueden cambiar el metabolismo, aumentar o disminuir la presión sanguínea, afectar a la energía muscular, a la digestión, a las secreciones internas y a la respiración. Incluso las redes neuronales del cerebro son sensibles a los principios armónicos. En los experimentos efectuados con animales se ha comprobado que ciertos tipos de música (El Danubio Azul, por ejemplo) tienen una influencia directa en la producción de leche y huevos por parte de vacas y gallinas. Algo semejante se ha observado en experimentos con bacterias, ya que se ha descubierto que éstas mueren cuando son sometidas a ciertas frecuencias, mientras que se multiplican en respuesta a otras. ¿Explica esto que, según dicen, Thales de Creta fuera capaz de disipar enfermedades y pestes con la dulzura de su cítara?

               En lo que respecta a la investigación de los efectos de la música en las plantas, el doctor T.C. Singh, director del Departamento de Botánica de la Universidad de Annamalia en la India, descubrió que la continua exposición a la música clásica hacía que las plantas crecieran el doble y que las ondas de sonido de los violines provocaban un notable aumento en su protoplasma celular. Sin embargo, quizá el más interesante y significativo de todos los descubrimientos del doctor Singh fue que las generaciones posteriores de las semillas de las plantas estimuladas musicalmente habían conservado las características perfeccionadas de mayor tamaño, mayor floración y más hojas. ¡La música había cambiado los cromosomas de las plantas! Otros experimentos llevados a cabo independientemente en la antigua Unión Soviética y en Canadá, con granos de trigo sometidos a tonos ultrasónicos, arrojaron resultados tan satisfactorios como los del doctor Singh: los granos germinaban más aprisa, eran más resistentes a las heladas y producían mejores cosechas.

MELODÍAS PARA EL ALMA.-

                ¿Es la música un medio para la comunicación y la multiplicación de estados de conciencia? Los antiguos creían que el uso del sonido era la llave más poderosa para abrir las puertas a los estados superiores de conciencia y utilizaban la música como vehículo para viajes a otro mundo, porque ofrecía la revelación de las leyes divinas y cósmicas. Monteverdi decía que "el objetivo de la buena música es afectar el alma" y sobre esta base trabaja la disciplina conocida como Musicosofía. Ante la pregunta, ¿en qué consiste la Musicosofía y en qué medida puede ayudar al crecimiento espiritual del hombre? Manuel Serrano, presidente de Musicosofía España, explica: "Es sabiduría contenida en la música, y me atrevería a decir que es la forma de desarrollo espiritual más directa e intensa que se conoce. Es una sabiduría permanente que da crecimiento al espíritu. Las melodías son, por así decirlo, divinas palabras".

La música de todos los grandes compositores altera positivamente las mentes y los corazones de las personas

                Si practicamos esa "escucha consciente" con muchas de las obras de los grandes compositores clásicos, podríamos comprender mejor las palabras de Manuel. En el caso de Beethoven, por ejemplo, sus nueve sinfonías contienen numerosos temas y referencias tonales que pertenecen al sendero de la autotrascendencia. Sus últimos cinco cuartetos de cuerda están considerados por muchos como las piezas de música más místicas jamás creadas. También en las obras de J.S. Bach encontramos una belleza eterna e inmutable, pero este profundo sentimiento místico de la vida era completamente natural en estos dos compositores; no les fue revelado por ninguna escuela esotérica. Existen en cambio otros muchos músicos que desde finales del siglo XIX, y especialmente en nuestra época, han transmitido en sus obras las verdades infinitas buscando inspiración en temas ocultistas.

                Aunque no todos los compositores se ajusten humildemente a los principios esotéricos ni sean capaces de transmitir las mismas verdades internas, lo cierto es que la metafísica y el misticismo suministran una enorme fuente de creatividad al arte de la música. Un arte que, como Mozart, Beethoven, Wagner y otros grandes genios musicales han demostrado, puede mover y transformar la conciencia más poderosamente que ningún otro.

EL RITMO DE LA SOCIEDAD.-

                La idea de que el poder de la música, especialmente la palabra entonada, puede influir en el curso del destino humano e incluso en el orden del universo, se remonta a la música de los Vedas. El filósofo chino Confucio creía que si la música sublime y hermosa prevalecía en un reino, así florecería la sociedad tanto en prosperidad espiritual como material, pero si la música se alteraba, ocurrirían cambios sociales. Por su parte, Platón llegó a decir que los estilos musicales no podían ser alterados sin que, como resultado, se derrumbaran las instituciones políticas más importantes. Esta misma idea es compartida por el músico y escritor británico Cyril Scott, quien afirma que cada innovación en el estilo musical ha sido seguida invariablemente por otra innovación en la política y la moral. Scott señala que la música de todos los grandes compositores del pasado jugó un papel vital al alterar las mentes y los corazones de la gente. Buen ejemplo de esto lo encontramos en George F. Haendel, que nació en una época en que la moralidad y la piedad en Inglaterra estaban en plena decadencia. Sin embargo su música, especialmente sus obras sacras, inspiraron un nuevo despertar del verdadero sentimiento religioso, mientras que su estilo demasiado formal originó el excesivo formalismo de la época victoriana.

La masonería de Mozart está presente en toda su obra musical, especialmente en piezas como "La Flauta Mágica"

                Aunque resulte paradójico, la utilización de la música militar también ha ejercido una influencia fundamental en el curso de los acontecimientos históricos, porque en épocas pasadas se utilizaba con la intención de provocar resultados devastadores en el campo contrario. Tan eficaces eran los tambores y trompetas en los campos de batalla, que los ejércitos derrotados adoptaban con frecuencia una música similar o idéntica a la de sus vencedores, aun cuando el estilo de música hubiera sido totalmente ajeno a su propia cultura. Los primeros cruzados, por ejemplo, consiguieron vencer a sus enemigos sarracenos tras haber adoptado los tonos marciales árabes.

                En otras ocasiones, el influjo de la música ha sido unificador, sirviendo para unir naciones enteras. Por ejemplo, casi podría afirmarse que la Guerra de Secesión Norteamericana fue una revolución musical: es un hecho histórico que la difusión de canciones patrióticas de libertad fue uno de los métodos más persuasivos por el que los francmasones reagruparon al pueblo americano. La Canción Libertaria se convirtió en una obsesión y se cantaba en todas partes: en las manifestaciones políticas, en las celebraciones patrióticas, en todo tipo de ceremonias. Tales canciones jugaron un papel principal en la formación del sentido de nacionalidad de los norteamericanos.

                Pensemos también en las grandes fluctuaciones de moral y cambio político que han barrido el mundo occidental desde los años sesenta. Empezaron con la puesta en escena de una nueva subcultura y estilo de vida entre los jóvenes, inspirada por las formas de música popular que hicieron su aparición en esa época. Desde entonces, el rock ha afectado incuestionablemente la filosofía y estilo de vida de millones de personas en todo el mundo, si bien su influencia no ha sido positiva en todos los aspectos. Los investigadores han descubierto que los efectos acústicos del ritmo de mucha de la música moderna son dañinos para el organismo humano, y muchos sociólogos han señalado que la música rock es parcialmente responsable de la conducta errática y transgresora de los jóvenes.

                Hay otros compositores que intentan producir música que afecte directamente a los nervios, sobrepasando la mente consciente. Tal es el caso de Vorhans, cuyo objetivo es componer música electrónica capaz de manipular el cerebro, inducir orgasmos y provocar experiencias tipo LSD. Estas distorsiones de los principios auténticos de la música están completamente desprovistas de auténtico valor espiritual regenerador, y se alejan de la idea de los antiguos sabios, que sostenían que la música es una poderosa fuerza para el cambio social y debería ser utilizada sólo para propósitos espirituales y altruistas.

MEDICINA MUSICAL.-

                Tan reales y abiertos al uso práctico son los efectos psicofisiológicos producidos por la música, que los pueblos primitivos solían poner más énfasis en los cantos y danzas rituales que en las medicinas para curar a los enfermos. Asimismo, muchas civilizaciones de la antigüedad utilizaban la música con fines terapéuticos. En el primer libro de Samuel se relata que David liberó a Saúl de una depresión obsesiva con la música de su cítara. Los griegos pitagóricos creían que la buena música estaba en armonía con el macrocosmos, y también con las actividades fisiológicas del hombre sano como microcosmos. La buena música podía restituir a un hombre la salud perdida en conformidad con la armonía divina. Se cuenta que Hipócrates trataba a los enfermos mentales con terapia musical en el Templo de Esculapio. Los árabes del siglo XIII tenían salas de música en sus hospitales, y los médicos medievales utilizaban frecuentemente trovadores para acelerar la mejoría de los enfermos.

                Sólo durante nuestro siglo la creencia en la música como una fuerza capaz de curar al individuo, y por extensión a la sociedad, se ha desechado y perdido. Paradójicamente, aunque la música nunca ha sido tan diversa, tan vertida en las calles y a través de las ondas como en la actualidad, el conocimiento práctico y real de su naturaleza y efectos nunca ha estado en mayor decadencia. Debido a su aparente intangibilidad, la música no se considera, en general, un agente capaz de producir efectos curativos importantes. Su empleo como terapia o vía para la auto-transformación es todavía una ciencia/arte pionera en nuestra sociedad moderna, si bien va siendo incorporada lentamente al campo de la medicina por algunos terapeutas conscientes de sus poderosos efectos curativos.

                La música de arpa, por ejemplo, se emplea por sus efectos calmantes en el Centro Médico de la Universidad de Massachussets para ayudar a las personas enfermas a dejar de tomar drogas o medicamentos que crean adicción. Con la ayuda de la música, algunos terapeutas han obtenido resultados notables en caso de histeria, depresión, ansiedad, nerviosismo, insomnio, presión arterial alta, asma, predisposición al cáncer, enfermedad de Párkinson, tuberculosis y una gran variedad de alteraciones físicas y mentales. El científico Johannes Kneutgen comprobó que los niños con trastornos de conducta y retraso mental pasaban noches tranquilas cuando se les tocaba canciones de cuna; no se orinaban en la cama y dejaban de necesitar pastillas para dormir.

                Manuel Serrano cuenta que los grupos de Musicosofía diseminados por el mundo enseñan su método en las escuelas infantiles para desarrollar la capacidad de comprensión, la concentración, la memoria y la armonía: Es la mejor forma de alejar a los niños de la droga sin que medien discursos morales". Puesto que la música armoniza al hombre devolviéndole esquemas más saludables de pensamiento, sentimiento y acción, tanto la Musicosofía como otras formas de terapia musical tienen un campo de aplicación totalmente ilimitado. Sin embargo, sólo cuando comprendamos que "toda enfermedad es un problema musical", según afirma Novalis, se conseguirá que la música se convierta en técnica esencial para regenerar nuestra maltrecha sociedad.