
¿Quién mató al teen pop? Si nos ponemos en plan Cluedo, creo que fueron los Beatles y Dylan, en la Biblioteca, y el Arma del Crimen una Composición propia. Con ella, los singer-songwriters les arrearon duro y a la cabeza a los compositores clásicos de Tin Pan Alley y el Brill Building, que vieron de golpe cómo el público firmaba papeles para mandarles a balnearios. Pero pre-Beatles, los artistas eran menos pomposos y estaban la mar de contentos si les dejaban aplicar su talento vocal a composiciones ajenas. En la cultura oral negra, lo importante es la emoción y la tradición, no la originalidad. En cualquier caso, el teen pop melodramático es el resultado glorioso de aquel sistema cadena-de-montaje del Brill Building. Unos cuantos compositores metidos en cubículos de teleoperador (lo cuenta Carole King en el esencial "Will you love me tomorrow" de Charlotte Greig) con un piano y unos folios y, "si tenías suerte", una silla. Una canción se escribía por la mañana, se grababa por la tarde (los grupos registraban aquella y otras trece mil) y salía al mercado en dos días. Pim-pam. El sonido: aquel pop ingenuo, estático, casi histérico, heredero de la emoción tirolesa del doo-wop, del r´n´r´ desinfectado y del r&b negro lejiado con pop blanco. El destinatario: una legión de púberes atontados por el delirio amoroso y el romanticismo más cursi y magnífico. Los artistas: girl-groups (las confidentes perfectas para mandar mensajes chica-a-chica) e ídolos pop de ascendencia italiana y cara marmórea. Los autores: dúos ya míticos que hacían obras maestras como cucuruchos de máquina. Porque ese era su oficio. Porque el torturado "esperad siete años que aún no he terminado el disco" de grupos como My Bloody Valentine era aún inimaginable. En el mundo del dance, ocurría igual con los conocidos "covers", con la diferencia de que el tema ya estaba sonando en las discotecas...
Estaban, para empezar, Jerry Leiber y Mike Stoller (los autores de "Poison ivy", "Yakety yak", "Charlie Brown" y tantos otros). Su caso es curioso, porque el dúo que fundaría Red Bird Records, uno de los nidos del teen pop y los grupos de chicas, no le tenía especial aprecio al sonido que les daba de comer. Esto no me lo invento yo: Leiber declaró años después en un Melody Maker: "Cuando escuché por primera vez Chapel of Love la odié con todas mis fuerzas". Leiber y Stoller venían de un mundo lírico de cárceles, mujeres pendonas, cuernos y borracheras, los temas del r&b machote urbano. Y, de repente, la "introspección frágil, el optimismo inocente y los anhelos románticos" (Greig dixit) de los compositores de teen pop estaban en todas partes. Y no sólo gracias a las chicas. Como bien apuntó Eddie Holland (de Holland-Dozier-Holland), las políticas sexuales del momento eran tales que sólo mediante el azúcar en rama temático del teen pop podían los hombretones abrir su corazoncito. Porque una cosa era decirles a los amigos de la panda que ansiabas entrar en una "capilla del amor" (si tu mote era El Rompetochos o Jack Bolas-de-Acero, mejor que desde ahora te acostumbraras a llamarte Nenúfar Johnson o Niñata Mokins) y otra muy distinta cantarla. Dubidu-bidu, capilla del amor, dubida-bi-dum. ¿Qué pasa? Estoy cantando, macho; ahora vamos a atracar esa licorería.
Otros eran el matrimonio Ellie Greenwich y Jeff Barry. A la primera la llamaron "la compositora reina del teen pop" y, al que dude, que cante: "Da doo ron ron" y "Then he kissed me" para las Crystals, "Leader of the pack" para las Shangri-Las, "Chapel of love" para las Dixie Cups, y muchas más. Greenwich definiría a posteriori su arte de esa impresionante manera: "Muchos de nosotros conseguimos pequeños pedazos de felicidad, pero no podemos hacerla durar; creo que todas aquellas canciones van de desear que esa felicidad permanezca".
Más compositores: Barry Mann y Cynthia Weil, que salpimentaron sus canciones con denuncia social (como el "Uptown" de las Crystals) y, finalmente, el matrimonio Goffin-King. De todos los pueblos de la Galia, los belgas son los más valientes; y de todos los compositores de himnos teen pop, Goffin-King los que mejor penetraron en la psique adolescente, con melodías Loctite y unas letras que abarcaban un arco temático particularmente colorido: gran catástrofe teen, frustración amorosa, filo-masoquismo juvenil ("He hit me (and it felt like a kiss") para The Crystals) y el qué-felices-seremos-los-dos histriónico que les caracterizaba. Carole King y Gerry Goffin eran una pareja de origen judío que firmaría las canciones más exitosas y perennes de la época. Pete Waterman sostiene que es precisamente esa combinación doo-wop negro + tradición judía la que creó el teen pop. Pruebas las hay: el #1 "Will you love me tomorrow" para las Shirelles, "Chains" para las Cookies (luego versioneada por The Beatles), "The Locomotion" para Little Eva, "Up on the roof" para los Drifters o "One fine day" para las Crystals. Esta ilustra especialmente lo que era el epítome Goffin-King: ingenua, viva, demencialmente optimista, un "completo rechazo de la pena adulta", como dijo Charlotte Greig, una auténtica borrachera espiritual de felicidad y expectativas.
Se ve el final. Tras años haciendo las mejores canciones de la historia para Aldo Publishing, el matrimonio Goffin-King se divorció en 1968, y ya sabéis la mitad de lo que sigue. Carole King se reinventó en 1970 como compositora-para-adultos con su bombazo mundial "Tapestry", sentando el patrón para todas las mujeres cantautoras que habían de venir. Goffin, el inseguro Goffin (en 1967 declaró que la aparición de Dylan le hizo sentirse "como un enano") fue diagnostica bipolar, pero continuó ganándose la vida ampliamente como compositor de canciones. Que una de ellas fuese la abyecta "Nothing´s gonna change my love for you" de Glen Medeiros es tan sólo otra ironía más de este mundo cruel y sanguinario.